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El estrés y la ansiedad no son patrimonio exclusivo del mundo de los adultos. Al igual que sus padres, los niños experimentan estos estados con mayor frecuencia de la que creemos, lo cual se debe en parte al mundo acelerado y competitivo en el que vivimos, y en parte al reflejo de lo que sucede en casa. Es posible que resulte inevitable transmitirles a nuestros hijos las emociones negativas que nos invaden, pero es totalmente posible, y necesario, darles las herramientas para que puedan gestionarlas. Precisamente de esto último es que se encarga el mindfulness.

¿Qué es el mindfulness?

El mindfulness, o consciencia plena, consiste en un conjunto de técnicas de control que nos permite tomar consciencia del aquí y del ahora, para así lograr disfrutar de la vida desde una perspectiva diferente de la que estamos habituados.

Gracias al mindfulness podemos desarrollar nuestra inteligencia emocional, habilidad que se encuentra dormida en nuestro interior y que nos permite gestionar y controlar nuestras emociones. Se parte desde la premisa de que no tenemos control sobre las emociones de los demás, pero sí de las propias. La segunda premisa consiste en concientizarnos de que las emociones no son buenas ni malas en sí mismas, sino que nos sirven para que cumplamos un propósito.

A medida que se ahonda en las técnicas del mindfulness, la inteligencia emocional va creciendo y consolidándose.

¿Pueden los niños practicar mindfulness?

No solo pueden, sino que es una práctica totalmente recomendada para mejorar el universo emocional y la actitud de los niños, tanto hacia sí mismos como hacia el mundo. La ventaja que tiene comenzar a practicar el mindfulness en la infancia, es que se puede aprovechar la cualidad que todo niño tiene de absorber los aprendizajes. Por lo tanto, una práctica asidua de esta disciplina, les permitirá internalizar sus técnicas y recurrir a ellas cuando ciertas emociones, tales como la ira, el miedo y la frustración, comiencen a hacer ebullición en tu interior.

Beneficios del mindfulness a corto plazo

Uno de los mayores problemas que padece el niño de hoy en día en el colegio es la falta de atención y la facilidad para dispersarse. Antes de recurrir a ningún tipo de medicación inhibitoria, es altamente recomendable recurrir al mindfulness.

Las prácticas de esta disciplina, las cuales llevan a la consciencia plena de lo que nos ocurre interiormente, arrojan como resultado niños que logran poner mayor atención a lo que hacen. Esto se debe a que, a través de su práctica, se consigue:

  • Aumentar la capacidad de focalización
  • Incrementar la autopercepción
  • Mejorar las habilidades de autogestión
  • Ahondar en el autoconocimiento
  • Reducción del estrés y de la ansiedad
  • Disminución de los episodios de pataletas
  • Aumentar las habilidades sociales
  • Equilibrio mental

Beneficios del mindfulness a largo plazo

Iniciarse en el mindfulness a una edad temprana, conduce a la obtención de los siguientes beneficios al llegar a la etapa adulta:

  • Empatía
  • Consciencia de uno mismo
  • Equilibrio

La empatía es la habilidad interpersonal que más puertas abre cuando queremos interactuar con el mundo. Además de sernos sumamente útil para relacionarnos, es indispensable para poder mantener un trabajo.

Al ser conscientes de nosotros mismos, lograremos controlar reacciones poco favorables y dejaremos de sentirnos mal por las decisiones y las actitudes de otras personas, lo cual deriva en el tan ansiado equilibrio.

¿Cómo se trabaja el mindfulness con los niños?

Que el mindfulness es una disciplina cada día más indispensable en la educación, es algo acerca de lo que no caben dudas. Respaldando esta idea se encuentran las ECC (Escuelas Conscientes) y la propia Universidad de Cambridge, la cual cuenta con una unidad específica dedicada a la disciplina que ha revolucionado la manera de educar, para transformar la manera de sentirse, de ser y de estar en el mundo.

Lo que, en calidad de padre o madre, seguramente te estés preguntando, es cómo se logra transmitir un concepto tan abstracto a un niño. La clave reside en la terapia, la cual es totalmente diferente en un niño que en un adulto. Mientras que a los adultos se los induce a la autoconsciencia y a la consciencia plena de forma explícita, con los niños es necesario recurrir a las técnicas implícitas.

Por lo tanto, el tono, la expresividad y el juego, son fundamentales para inducir a los pequeños. ¿Y cómo se logra juntar todo esto en una sesión?

A través de la técnica del cuentacuentos.

¿Qué es el cuentacuentos y cómo incide en la inteligencia emocional?

El cuentacuentos es una técnica utilizada para contar historias de forma tal que el niño empatice con el personaje y sienta que quien está experimentando la historia, es él mismo.

Para alcanzar el efecto deseado, se utilizan historias cuya finalidad sea apelar al desarrollo de la inteligencia emocional, al mismo tiempo que al niño se lo convierte en partícipe del cuento.

Una sesión de cuentacuentos no deja nada librado al azar, sino que se planifica con anticipación de acuerdo a los objetivos que se busque alcanzar.

A medida que el personaje experimenta la ira, la rabia, la frustración y la tristeza, el niño lo acompaña en su curva de transformación a través del aprendizaje y de los beneficios que este le arroja.

En otras palabras, el cuentacuentos se basa en la insustituible necesidad que todo niño tiene de escuchar historias, pero estas son elegidas de forma meticulosa para transformar la forma en la que el niño experimenta y gestiona sus emociones.

Conclusiones finales

Toda ocasión es ideal para compartir una historia, ya que hay un momento en cada jornada educativa y en cada fiesta de cumpleaños infantil, en el que los pequeños necesitan darle un descanso a su cuerpo para alimentar sus mentes y sus emociones.

Y eso es lo que hace el cuentacuentos.

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